Hace un tiempo hablamos de cómo había evolucionado la enseñanza y que comenzaban a integrarse en ella las nuevas tecnologías, junto con el desarrollo de herramientas que podrían facilitar el arte de transmitir conocimientos.

Ese momento ha llegado y el uso de las nuevas tecnologías en la educación es ya más que una realidad notable. Hoy en día hemos integrado casi al completo los ordenadores tanto dentro como fuera de las aulas, además del uso de Internet como principal fuente de información y punto de conexión para acceder a ella desde cualquier lugar del mundo y en el momento que lo necesitemos. Pero, ¿hasta qué punto ha afectado esto a la manera de enseñar?

En primer lugar, como decíamos, los ordenadores forman ya parte de los centros educativos de unos años para acá. La gran mayoría de escuelas trabajan con ellos en al menos algunas de sus clases. Otras veces, incluso, se hace uso de tabletas o móviles para buscar información o realizar actividades entre el alumnado.

Y es que otra de las claves del cambio que ha supuesto la tecnología a la hora de adquirir conocimiento es que el propio estudiante es el que elige cuándo, cómo y de qué manera consumirlo. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado y eso hace que el contenido se comparta y se difunda a menudo en pequeñas cápsulas más fáciles y rápidas de asimilar, lo que se conoce como micro-learning. Ésto, sumado a que los dispositivos móviles se han convertido ya en parte de nuestro día a día a la hora de comunicarnos, hace que la manera de utilizar la tecnología se haya transformado por completo y, por consiguiente, el uso que le damos en el ámbito de educación.

Está claro que el mundo online ha ganado bastante peso a la hora de formarse frente al tradicional sistema presencial. Vídeos, infografías, podcast o incluso juegos online son algunas de las herramientas tecnológicas más usadas ya en la educación. Veremos qué nueva evolución cabe esperar dentro de la enseñanza en los próximos años, ¿cambiaremos la pizarra por paneles de realidad virtual? 🙂